domingo, 3 de mayo de 2009




El mayor temor de todxs no tiene nada que ver con el odio y los actos agresivos. El mayor temor consiste en amar y ser amado. En las curiosas contorsiones de la mente, el amor se equipara a la locura. Se lo siente como una pérdida total del yo, lo que es equivalente a una temida locura. Esto es cierto en cuanto al acto de amar. Si mediante algún tipo de experiencia terapéutica, no necesariamente profesional (de hecho es mucho menos común en la terapia profesional), podemos aprender a aceptar esta pérdida del yo con la certeza anticipada del retorno del yo, estamos abiertos al amor. El amor ha sido perdido y tiene que ser re-inventado. El amor es una estructura que ha sido falsamente desestructurada a través del desarrollo de la propiedad como mediadora de las relaciones humanas. El amor sólo puede ser reinventado con una desestructuración de la falsa estructura existente, mediante un cambio en las relaciones de propiedad. Este cambio sólo puede producirse a través del desarrollo comunitario, o de pasos cuantitativos hacia la revolución cualitativa de toda la sociedad. Naturalmente, el desarrollo comunitario es sólo uno de los caminos que conducen hacia dicho cambio cualitativo. La represión nos obligará a crear otras estrategias y tácticas contraviolentas. En la mayor parte de los países del tercer mundo sería ridículo hablar de las comunas como un importante instrumento de lucha. Existen excepciones, por ejemplo Argentina, pero en general la violencia del sistema opresivo fuerza a la gente a urgentes y desesperadas contraviolencias inmediatas. No existe una significativa etapa prerrevolucionaria entre la opresión total y la revolución total. Claro que ya existen comunas de diverso tipo en países del tercer mundo, pero no pueden ser orientadas con amplitud hacia la elucidación de la "vida interior".Si hemos de pulsar la clave del Nuevo Amor, creo que debemos encontrarla en el acto de dejar que el otro sea. Esto requiere un control cuyo aprendizaje puede ser muy doloroso y, por lo que sabemos, muchas relaciones se rompen porque uno no puede dejar que el otro sea. Dejar ser no es un concepto psicológico, sino ontológico. Entraña un cambio en nuestro ser, no un cambio en nuestra mente. No sólo es libertad el reconocimiento de la necesidad, sino que tenemos que reconocer la necesidad de reconocer la libertad. No es paradójico que uno pueda tener un compromiso total en una relación central y tener simultáneamente una relación amorosa (y posiblemente sexual) con otros.


En síntesis, el amor sólo puede ser re-inventado mediante la abolición de la familia nuclear burguesa que lo ha destruido. La familia debe ser reemplazada por comunas en las que el sexo no sea considerado una propiedad privada. Lo que en la vida familiar burguesa pasa por ser amor es nada menos que reacción política. En castellano se designa hijo político al yerno: las relaciones familiares legalizadas son políticas, y se trata de política reaccionaria. El supuesto filosófico de que "la naturaleza humana no puede cambiar", se convierte en una regla familiar implícita contra el cambio. Un joven al que conocí en Inglaterra visitó a un psiquiatra porque se sentía perseguido por su suegra más allá de todo límite de posible aceptación. Por consejo del psiquiatra (después de investigar a fondo el caso), el joven emigró a Australia. Allí se inició en el paracaidismo de caída libre, como desafío último a su desesperación (disfrazada como su muerte). Un día en que estaba practicando la caída libre entrevió a su suegra cayendo detrás de él. Ella abrió el paracaídas; él fue lo bastante afortunado para recordar que debía hacer lo mismo.
Amar el amor a uno mismo lo suficiente para amar a otro lo lleva a uno a ir más allá del pathos de la familia burguesa y el pathos de los primeros intentos de formación de comunas que ahora experimentamos, hacia el amor que reposa en la verdad del otro lado de la revolución que debemos hacer.Otra vez contra toda probabilidad, decido ser optimista. Para que el amor sea re-inventado no se requiere un cambio de actitudes socialmente visibles, sino un cambio en el ser, que después se vuelve socialmente evidente; he experimentado esos cambios en personas, aunque son bastante raros; se manifiestan como la transición de un modo de ser posesivo a una forma justamente orgullosa y no depredatoria de vivir las relaciones con plena autonomía.


cooper

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