Algo, que es algo mas que suposición
Todo esto de decir sin decir, utilizar al fin vocablos yuxtapuestos, sustantivos entrelazados como cadenas, que silencian en consecuencia hasta a el mudo de la esquina que espera inquieto a que aquella luna se haga llena para que él se convierta en lobo de cola suelta. Todo todo todo esto que se superpone a los adverbios inutilizables por lo inútiles que demuestran ser.
Y sucede la advertencia, esto es silencio, pero que extraño, aun no estamos muertos, sucede la sucesión de sucesivos encuentros invisibles e inauditos por la señora del quiosco que apesta, apesta a perfumería berreta de un barrio cualquiera.
Des-pro-te-jidos, o te-jidos es como tejer un te-amo que se consuma con la locura interna, expuesta y suprimida por descartes que merendaba sin tragar y se morfaba las palabras a la hora de su racional raciocinio de cena.
Nosotros consideramos que nos apreciamos, que apreciamos en demasía el peso de las señoras palabras que a su vez restante se mezclan como azar en un presente inverso que disfraza las caras, que distingue los cuerpos, nada de egos, ahora te encuentro y sin necesidad alguna de verdaderamente rozarte, mis manos te helan la cara, mas tarde la espalda y lo que resta del tuyo cuerpo. Me pierdo en novelas de alturas como montañas que decaen al instante en el que se cumple el cuarto de hora cumplida, que es similar a la satisfacción de morder un caramelo media hora que no cumple su hora.
Y conquistamos a lo colon un ideal desmerecidamente merecido por quienes la cargan. Conquistamos aun la belleza y el misterio, aun estamos hambrientos, sin duda. No juro pasión prometo un “inventémosla” para recapitularla en nuevas telenovelas que tanto dejan que desear en la lengua de la señora que es abuela, madre, alguna vez hija, alguna vez niña, puta, santa y devota de su madre apelmazada en la tumba de la vuelta.
Entre los hechos están: la recopilación, la reencarnación del amor desprovisto y desnudo que no aparece ni en los desvelos, la resignación, la lánguida lingüística, la prematura interpretación, la favorecida alineación, la intrépida despreocupación y por fin el fin de la proclamación
Auto proclamación, reflejo del me predeterminare en vocablos aparte del mundo de al lado que deja de serlo si yo así lo quiero.
Me jacto de a verte descubierto, aun no me canso, de a ver descubierto el polvo mecías de el recuerdo añejado, embalado y preparado para recauchutar.
Me recomiendo a la indulgencia del lector quien no se jactara por si solo, como el autodidacta anarquista que obra sin enseñanzas la alimentación de la sabiduría a ajenos, despiadado, en tiempos pasados impares y entumecidos como en fotografías
Creo que llegamos justo a tiempo, un día antes del importunismo y un día después de la perfección.
Ánimos sin anestesia, sin raciocinio ni discreción, que apelmaza desprovisto a las ansias encantadas entre el rayo de sol calido y tenue que descansa sobre la mía nuca que se llama por si sola la incoherencia de ensueños míos tuyos de nadie con todos juntos de la mano.
“Cuán sin limites es
Macedonio F.
No hay comentarios:
Publicar un comentario