viernes, 22 de octubre de 2010

Impotencia y desvelo

Allí abajo donde el sol no tiene espacio, los andenes se cruzan, entrecruzan, casi que se rosan cuando van a pasar por el costado. Se escucha la voz que sale desde el interior, con el nombre de Mariano.

No es uno más, es Mariano.

Más tarde como bomba o suspiros de viento, respiros de ametralladoras me resuena en el pecho, la piel , un veintitrés años sin fin que acaba con un charco de sangre, con un par de ojos opacados

Cuando el sol parecía que se iba para no volver a aparecer sentí como mi cuerpo se desarmaba por la ausencia de un nuevo humano, de un nuevo joven borrado de la historia e incluido a la memoria de tantos, injustamente mutilados por el tiempo

Si llorar valiera de algo, hoy derramaría toda mi sed, todo este rio por entre mis lagrimales

Y no lo van a volver a ver y yo no lo voy a conocer y eso es una cruel realidad que tiene que cambiar.

Los números se agrandan a la hora de nombrar los pájaros desplumados

Y pasan a ser cantidades innumerables

Y los ojos cerrados se entregan junto a lo que resta del cuerpo al vacio

Cambiar

Juego de marionetas, juego de unos pocos muñecos populares de moda

Mentiras

Ellos, esos, son la mentira, las ratas que degluten la basura que esta debajo de nosotros

Son los buitres empecinados en devorar nuestras ansias de decolorar para recobrar al fin la gama de colores que deseamos sentir

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