sábado, 20 de noviembre de 2010

esperadamente, absurdismo

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Es solo un momento y se va deshaciendo en la mujer rota

Me lo esperaba

Evidentemente La ventana estaba a oscuras

Aun en su ausencia, esta noche las puertas se abren

Un rayo de luz entre las cortinas rojas

Te necesito y no estás aquí

Antes de irme a acostar

Curo los hermosos ojos melancólicos con hielo de mar

Entonces debo tratar de dormir

Toda mi sangre fría

No avanza; me exaspero

Uno concede demasiado al silencio

Los ojos clavados en el reloj de péndulo

Despertar profundo o morir verdaderamente en el sueño

El mal empieza por los ojos, llenos de recodos y profundidades

Mete la mano con discreción debajo de la mesa

El humo flota contra el techo de la habitación

Saca la cabeza por una ventana entre abierta y le echa un trago a la noche

Es vientre, entrepierna, hoyos y redondeles

Estaba recordando cómo empecé


¿No preguntaste eso? Yo hablaba siempre de ese día, pero no me decidía nunca. La verdad es que jamás pensé que llegase realmente. Ni siquiera lo tomé en serio el día que empecé a andar. Mi intención, en el fondo, fue hacer un fin

La noche, aquellos soplidos que agujereaban el aire

Se aproximó, también blanco, y escuchó un rato del aire dormido sobre el viento

Al fin se sentó al lado del oeste buscando su norte con los ojos abiertos como rayos

Brazos que azotaban el aire, toda una revuelta, una madeja de sensaciones que apuntaba hacia un norte desconocido y perdido

Una partida de jinetes que galopaban desalentados en una nube de polvo. Cuando estuvieron más cerca, vio las finas patas que removían la arena, los bultos encorvados

El corazón le latió atropelladamente

Las paredes se borraron

Sostuvo el brazo en alto un tiempo, el viento se escurría entre los dedos

Acababa de reconocerse

Del agua, una negra silueta bajó lentamente y acarició el murmullito que le colgaba del cuello.

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