Madrugada de un mismo día.
No estoy segura de mi espacio sobre estas sensaciones.
Pienso y reanimo mis vivezas
Los principios y finales, mis temores reavivados en tenor junto a mis pasiones.
Las cosas que por hacer y deshacer, los hechos inalcanzables y los que nunca son imposibles de alcanzar.
En el amor. En él otra vez.
En la muerte, esa, otra vez, en ese evento y personificación de un suceso, tan paranormal y animal. En el modo de morir, en el modo de vivir, en la cantidad de vidas que puede a ver en una vida únicamente. En la belleza, la suavidad de un bebe, los años, la vejez, la juventud, sus contracaras, la enfermedad, la vulnerabilidad, la soledad, mas aun el enojo.
La delicadeza de la dedicación, el desamparo y desesperación.
Siento, ahora siento mil vidas en una. Soy todas esas vidas. Soy todos esos sueños guardados en departamentos, afilados como cuchillos y guardados en cajones.
Lo mas extraño, lo que me pesa en las manos, es que anhelo tanto esos sueños como a esas vidas, porque mientras tanto no soy mas que un cuerpo, un conjunto atómico, una esfera en punto explosión, de ebullición y no de mimetización. Soy, un completo unico que mira asorada por la ventana la millonada de luces que se encienden y apagan al mismo tiempo que sigo observando como mis pies van temblando por el frio que entra por entre las aberturas de una cerradura cualquiera.
Soy esas bocas que no callan, soy los pensamientos que no, no quieren cesar. Soy esos soldados, soy todas esas madres, soy los olvidados, soy todos esos niños y niñas, soy todas esas abuelas, soy mi madre y también mi padre, soy mis hermanas y su juventud, soy los corazones rotos y sus llantos de niños en la adolescencia, soy el dulce caramelo que se le derrite en el paladar la abuela olvidada en el acilo de la esquina. Soy los muertos, también los vivos. Y ahora que soy todo, que tan inútil me siento sabiéndolo.
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