Desde un edificio podríamos no ser más que unas millones de hormigas de ambulantes. Entre la multitud te vuelves una hormiga amontonada, si te frenas sucede lo inesperado, si cerras los ojos, las respiraciones te mueven el pelo las palabras te absorben la memoria los empujones te quitan el cuerpo.
Nunca he amado esta ciudad tu me puedes sacar de aquí.
Comenzaba a caminar, para que nadie lo notara iba hablando en silencio pronunciando que las personas resbalan por mi vida, voy tratando de obtener un control sobre el riel del tren sin fin, y aun así las personas son momentáneas.
Y el mundo seguirá girando y aunque me quiera bajar, ya estoy girando con él.
Estoy agarrando en la oscuridad un interruptor que va a encender algunas luces sobre mí. Luz blanca brillante, que iluminara cada porción de lo que soy, no hay camino, que esté claro como el día.
Y cada respiración que tomo parece ser rápidamente enrollada por una memoria que pareciera no ser mía, que pareciera suceder detrás de mí y archivado en alguna parte, en algún momento reaparecerá en sueños que quizás jamás recuerde.
Sólo una dosis de tiempo puede pinchar el pasado y aún así, el cajón se abre con coquetería por un momento y luego vuelve a cerrarse.
He perdido el contacto con todo el mundo me fui de la escuela, todos en el pueblo donde aun crezco y me desvanezco desaparecerán con tan solo no volverlos a encontrarlos, toda la gente que cruzo en los colectivos, por la calle, todos los que he creado. Ellos también, se archivaran, a menudo con ira cerrando el cajón detrás de ellos, por algo que dije o algo que no dije.
Mis amigos no podrán ser rastreados.
Ya lo sé. Lo he intentado.
He tomado trenes a sus ciudades y me he quedado sobre las esquinas esperando, pacientemente, la aparición de mis amigos, que solo rescato en mi memoria que quizás sea una mentira.
Fuera de la posibilidad de la nostalgia, ahora no llueve, ni está nublado, ni la soledad acompaña. Aun así de vez en vez resurgen, flotan ahogados recuerdos de honestidad.
Pero cada vez que he vuelto a casa, derrotada, y tuve que volver a mi obligo a dormir estos hechos se afirmaban fuertemente.
Aun viva, por lo que mi corazón aun no mató a mi mente.
Comencé por transgredir el tiempo, no sé donde terminaré, aunque el final sea siempre el mismo, aun no sé, no sé donde terminaré.
Pero yo no hice nada, no había querido a nadie, no dije nada de ninguna gran importancia en ese momento. Pero algo me había hecho sentir un espejo, cuando cruce la cuadra, algo en mi cuerpo se tensionaba y me dejaba parada sobre una avenida que se transformaba en un mundo más grande que todo el mundo.
La decepción no ganaba, no tenía lugar, y aun no sabía lo que sucedía
Me tomó un tiempo salir de ahí comencé a caminar paciente sin que ahora las alergias me afectaran, caminaba como dentro de una nube en un tiempo sin tiempo, traspasando algo que no entendía y volvía al pasado, una especie de máquina del tiempo ahora me sujetaba, rodeada por una esfera incolora que apenas podía percibir, todos mis movimientos eran lentos, cuando moví mi mano derecha a mi cara pude sentirme hecha de viento, aire, mi cuerpo había dejado de ser carne, podía traspasarme y sentirme como en un bosque, pero no al bosque sino al viento que viaja por sobre él. En mis oídos resonaban las voces, la gente no era carne lo que veía desde esta esfera ahora era agua, fuego, todos esos componentes que no podían rosarme.
Creía que estaba engañándome, algo sucedía que no estaba bien, engañada por mí misma, aun así por más que quería no podía cambiar esa situación ese estado de lentitud e ingravidez.
Era consiente aun de mi poder de análisis individual con una intensidad poética.
Cuando comencé a toser pude ver mis entrañas en forma de cristal, burbujas inquebrantable.
Distraída y asombrada traspase a un peluche de hombre gigante que celebró el instante. En mi sucedía algo así como una mismísima guerra, los sonidos se agudizaban y parecía que flotaban alrededor mío. Era más espantoso de lo que pensaba. Dentro del hombre de peluche había una composición atómica, que ahora pensándolo, supongo era un humano, era de agua, la fuerza de nuestro cruce generó estallidos entre aire y agua como si explotaran bombas dentro mío, y aun lentamente, como deslizándome salí de ahí dentro, y volvía la luz de día como un agobiante bienestar de tranquilidad.
Yo tenía un don de comentario incisivo y sincero, pero en ese momento cada vez que tenía la intención de abrir mi par de labios se volvía lento y pesado, cuando algo salía eran burbujas pesadas como ladrillos.
Me gustaría, pensaba, tratar de poner mi propia naturaleza complicada
bajo control, hasta intentar todas las formas más ocurrentes era en vano.
Caminé sola a casa sin entender aun qué sucedía, abriendo el aire con las llaves, lentamente entraba. Estaba enojada, enfurecida y sumamente entumecida, no podía salir de ahí y sentía como si el mundo se hubiera acabado, pero aun yo misma no había acabado, mi cuerpo y mi mente aun seguían presentes de una forma u otra.
Mi mente repetía dictados contra la religión, la ética, el amor y la vida misma, que perdían sentido en cada final.
Paralizada por las palabras que parecían metralletas, por la culpa innecesaria de no haberle dicho a mi padre que lo amaba… o que quizás nunca lo había querido
Deambule por sobre los pasillos de la casa, parecía visitante en el lugar donde yo misma elegí.
He llorado, disfrutado también de ese estado fuera del tiempo, del mismo tiempo del resto del mundo.
Al pasar las horas me había casi acostumbrado, por más que me disgustara, no veía otra opción que la que vivía en ese momento, presentía una aparente ensoñación, pero que fuera un sueño era solo lo que yo misma deseaba.
Al pasar los días todo se volvía abstracto y estaba perdiendo la razón real de mi yo, en un primer tiempo transcurría en recuerdos y anhelos, cosas hechas y desechas, posteriormente todo se quebrantaba y el silencio se volvía un vicio constante.
No existían los días ni los horarios, solo el cambio de luz que proseguía insistente, me gustaba salir por las noches a recorrer la calle en un movimiento muy lento, en un instante casi repentino había comprendido cómo esquivar los estorbos de mi camino que convertían en guerra cada uno de mis estados.
Recorría mi cuerpo con lo que quedaba de mis ojos, al mirarme a los espejos a los reflejos no era más que remolinos de vientos que hacia desastre entre el amontonamiento de hojas de otoño, en el baño de la casa donde vivía, la misma casa de escaleras largas estaba revuelta como dejan los cuerpos chiquitos a todos sus juguetes.
Observaba cada porción de ciudad, les murmuraba e intentaba volverme cómplice de los momentos a esas bolas atómicas sin forma
-Date prisa, la luz se desvanece
A los comerciantes a su vez les reprochaba la cantidad de signos insignificantes que utilizaban para llamar la atención.
Las nubes se pierden en la oscuridad.
La primera estrella en el cielo.
Los bares que cobran vida.
Nunca ame a esta ciudad demasiado, pero desde este estado todo se vuelve bello.
Su sonrisa, una vela romana
Sus ojos son azul de mar, les dictaba a los oídos a los amantes escondidos sobre las esquinas.
Un día de lluvia, con el que bailaba, presentí un suspiro y di la vuelta lentamente, mis movimientos se volvían a cada momento un poco más ligeros y empezaba a desesperar a la rapidez con la que me movía que era una nimiedad de segundo. Al escuchar
-Cuidado, el chasquido de un rayo.
Me di una vuelta completa, y con los ojos cerrados comencé a sentir un aire que salía de mis fosas nasales, me repetía; entra y sale, entra y sale, rápido va rápido. Velozmente abrí mis ojos; parpadeo, mis manos, si, mis manos conmigo, mi cara, si, la misma de siempre. Dientes cejas absolutamente todo
¿Cómo no había percibido a tres millas la primera lluvia de enero? sobre el pavimento, y mojándome los pies.
El tiempo había pasado un año desde la primera lluvia de enero
Las aves, desaparecían y ahora podía seguir su velocidad con solo observarlas
Y en la puerta, los amantes
Ellos comparten un cigarrillo
A continuación, la prisa de alcantarilla
Arriba, una silueta de un gato traspasando tejados
Nunca ame a esta ciudad pero a veces las cosas se tornan un poco más bellas, o quizás solo un espejo.
Mi sonrisa, una vela romana.
Mis ojos son azul de mar
Nunca ame a esta ciudad.
Pero usted puede retenerme aquí.
Tu amor, necesario.
Mi corazón, una lámpara de araña que no se oxida, se vuelve huracanes, viento y tormenta.
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