YAYOI te quiero
Cuando era joven comenzó a vislumbrar una misma imagen por
todos lados, círculos que se reproducían hasta alcanzarla.
Produjo muchas pinturas, colores y formas, que parecían tener
más vida que ella misma.
Cuando era joven le
diagnosticaron una enfermedad psiquiátrica.
MAGRILA, comenzaba a tomar forma
propia en su ser.
Ella pinto mucho y el
médico le dijo que eso era bueno para ella.
Dice que lucha contra
su enfermedad cada día pintando.
Cada día, cada hora de la eternidad.
Cuando deja de pintar ella comienza a pensar en suicidio, en
el fin de si, en suicidio, en el fin de si
El fin.
Mágrila era un pequeño ser, de minimal forma, muy expresivo
aunque no emitía palabra.
Mágrila vivía dentro de Yayoi, justo en el centro de sí.
Yayoi reproducía, junto a sus manos y su mente hermosos
colores, figuras, que mantenían, a su vez, a Mágrila entretenido, observando y
evaluando el labor de Yayoi.
Mágrila estaba compuesto de agua, y aunque pareciera inofensivo,
cuando algo a Yayoi le afectaba, cuando Yayoi recordaba su ínfima existencia,
cuando recordaba aquella pena que la aquejaba, Mágrila comenzaba a comerlo todo sin control.
Yayoi poco a poco iba
sintiéndose más trabada, costaba respirar, costaba pensar, costaba no ver tan
solo oscuridad.
Mágrila crecía y engordaba tanto que cubría por dentro todo
el cuerpo de Yayoi, hasta que Yayoi largaba a llorar y poco a poco Mágrila iba
volviendo a su tamaño natural y a su lugar de origen.
Mágrila se mantenía comiendo pues si no desaparecería, solo
cuando Yayoi sentía su infinidad en el
mundo era que Mágrila se volvía gigante y pasaba a formar parte completa de Yayoi.
Yayoi empalidecía, y se volvía una piedra, los colores de su
piel volvían, al tomar los colores de sus pinturas.
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